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Comarca de El Andévalo

Comarca de El Andévalo

Leyendas anteriores incluso a la llegada de Roma nos relatan las mercedes de un diocesillo que empezó siendo menor, pero que acabó en los altares de las tropas Imperiales. Endovellico, Endovel, Andoval, dios bondadoso de los lusitanos que da su nombre a la comarca, sigue reservando parabienes a aquellos quienes vengan a conocer su tierra, El Andévalo.

 

En estas tierras, en otro tiempo límite del estado y frontera olvidada, el tercer milenio ha entrado gestionando dos elementos naturales tan antiguos como el propio planeta: el agua y el viento. El viento, poniente limpio y el agua de la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche, en su escorrentía traza pequeños cauces, que en el Andévalo serán los afluentes que nutran al Guadiana. Presado y represado, la comarca se ha convertido en una de las reservas hídricas más importantes de Andalucía.

 

Imposible establecer ruta alguna pero sí una recomendación de por dónde comenzar. Desde cada uno de estos pueblos déjese llevar, serán sus mejores guías los hombres de la mina, los buscadores de setas, los romeros, los tempraneros cazadores, los danzadores, los hombres a caballo, los cantaores en una noche de rumbo.

…y de comer?

 

El Andévalo, apegado a la tierra y casi aislado durante siglos nos regala con una cocina sencilla, natural y exquisita. Sus bases culinarias se arraigan en lo que la tierra provee, una cocina por tanto de temporada, con productos de la explotación ganadera y la recolección silvícola, junto a la caza mayor y menor. A estas variables se unen la de las necesidades energéticas de los trabajadores de la mina y, como no, el calendario litúrgico católico. De la matanza del cerdo, en invierno, las chacinas, la olla de coles, el pestorejo asado, la cachuela alosnera. Tras las primeras lluvias los gurumelos, especialidad micológica de la zona que se nos aparece en cientos de preparaciones distintas. De la miel los gañotes, hojuelas, los gordillos o pestiños y no hay fiesta de primavera sin habas “enzapatás”, que aromatizan con poleo cocinas y veladas. Del borrego la caldereta y de la oveja el queso, únicos los de Santa Bárbara de Casa. Calañas nos deleita en Pascua con el dulce de la “esesia”. 

La Zarza respeta la vigilia con sus tortillas de bacalao. De el Almendro la turma, en tortilla o con arroz. Revoltillos en El Cerro de Andévalo y caza menor en el Granado, conejo y perdiz en su salsa y los postres artesanales como los pestiños, las rosas, o los coscaranes. Migas y dulces de miel en Paymogo. Poleás y dulces de toronja en Puebla de Guzmán. San Bartolomé de la Torre pan, tan sencillo como eso y una repostería difícilmente igualable. Venado y jabalí en Sanlúcar de Guadiana, junto a sus curiosos “Guisos de río”, con base en el barbo o la anguila. Valverde del Camino sorprende con el guiso de frijoles con gurumelos y Villanueva de las Cruces nos reserva el Pan de Custodio y su inenarrable Torta de Chicharrones. Para iniciados, en Villablanca, la cachola de cerdo. Villanueva de los Castillejos, Alosno y Puebla de Guzmán, añaden a todo lo dicho la tradicional destilación de licores y aguardientes. Todo esto en mil y una variedades que merece la pena descubrir.

Alosno

La visita debe comenzar por un edificio barroco sobre planta mudéjar, el Templo de Santa María de Gracia, que sufrió los efectos del terremoto de 1755.

 

No menos notable es la visita a la Ermita del Señor de la Columna (XVI), ejemplo de la arquitectura popular andaluza, blanca y de formas sencillas y limpias. Si alegre tiene el espíritu prepare voz y aguante. Raro será si fuere cual fuere la fecha de su visita no nos encontramos aquí con algún exponente de música tradicional. Y recuerde El fandango en el Alonso es cané, cantado a coro, pero también existe una amplia variedad de estilos valientes y personales. Para enero las Luminarias de San Antonio Abad, rito de fuego purificador para animales y tras la Semana Santa la Pascua de la Lechuga. Cruces de Mayo, la grande y la chica, y por junio la Romería de San Antonio de Padua. Y El Corpus y la Semana Cultural de la Juventud, en verano y Las Jachas de la Inmaculada Concepción y la Rama. Pero el pueblo toma su pulso en la madrugada del 23 al 24 de junio, Alosno se transforma, el tamboril toca la Alborá anunciando al pueblo la solemne procesión de San Juan Bautista, escoltada por los Cascabeleros durante las cuatro horas que dura la procesión.

 

Tharsis, explotación minera que ya se cita en la Biblia, por su contribución al dorado del templo del Rey Salomón es entidad local menor, con características diferenciales propias. Redescubiertas por Ernesto Deligny a mediados del XIX y explotadas por “The Tharsis Sulphur & Copper Company Limited” lo que dota a Tharsis de un regusto británico.

El Almendro

Si bien todo el territorio del Guadiana está en el trazado de las antiguas calzadas romanas parece contrastarse que el origen de la localidad está en el antiguo poblado de Osma, desde el que se trasladó la población a su ubicación actual, el paraje del Agua del Almendro, en 1519.

De la laboriosidad de estas gentes dan cuenta los molinos del XVIII, con especial mención del Molino del Pié del Castillo. Renacentista sobre planta mudéjar y muy retocada en el XVIII tras el terremoto de Lisboa, la Iglesia de Nuestra Sra de Guadalupe (XVI-XVIII), es sin duda el edificio más notable del casco urbano, si bien el corazón de estas gentes está fuera, en el paraje del Prado de Osma, tras una fachada sencilla, de cal, bajo espadaña rematada por cruz de cerrajería. Me refiero a la Ermita de Piedras Albas, cándido edificio originario del XV. Ante los pies de Nuestra Señora de Piedras Albas se congregan cada Domingo de Resurrección los devotos de El Almendro y Villanueva de los Castillejos al son de la ancestral danza pastoril de “los Cirochos”. Cuenta la tradición que a finales del siglo XIV apareció la venerada imagen al pastor Alonso Gómez bajo una capa de nieve que ocultaba antiguas ruinas romanas, desde entonces no han faltado peregrinos y promesas.

Cabezas Rubias

Enormes extensiones de cereal cubrían sus cerros y cabezos de un rubio pajizo madurados para la molienda en el Molino de la Divisa de “de blanca cal y sólida presencia”, ejemplo de la aplicación de la tecnología náutica, no ya para el empuje de las naves, sino para la molienda del cereal.

El paseo hasta la Iglesia de Ntra. Sra. Consolación, de origen mudéjar pero reconstruido tras los pavorosos efectos del Terremoto de Lisboa de 1755 por José Álvarez. El edificio, de aspecto macizo y con una simetría academicista, pone en juego el dinamismo y sosiego, paz que se palpa en su interior ante la Virgen de los Dolores.

 

Pero es sin duda la visión desde la Ermita de San Sebastián la que descubre al viajero la grandiosidad de lo simple, la exquisitez de lo sencillo. Ahora está preparado para buscar al artesano de la palma, cestos y alfombras, canastos en los que se recogen las más preciadas setas, bien guisadas como entrantes a sus magníficos preparados de carne de caza. Busque la oportunidad de visitar Cabezas Rubias por sus fiestas de Consolación, o por la romería de San Sebastián a finales de enero, fechas en la que todo lo pequeño se crece, con la lente de la alegría y la amabilidad.

Calañas

Oro, plata y bronce, esta ciudad minera tomó especial relevancia en los años del redescubrimiento de la minería onubense, a finales del XIX. Pero su historia ahonda en raíces legendarias que nos llevan al mítico Tartessos.

 

Romanos, musulmanes y cristianos han horadado el subsuelo calañés siempre bajo la atenta vigilancia de “El Morante”, monte de tradición mágica que señorea la comarca. Los machones del exterior refuerzan el aspecto macizo de la Iglesia de Santa María de Gracia (XVI-XVIII) de complicado encuadre artístico, es cofre del soberbio Retablo Mayor, obra de Fernando Alguacil (1949) y muy especialmente la talla policromada de Nuestra Señora de Gracia, de Francisco Buiza (1949). Ejemplo de la más cándida arquitectura popular la Ermita de Ntra Sra de la Coronada (XV, XVI), levantada sobre los restos de una antigua necrópolis romana.

 

Cuentan que la advocación de Nuestra Señora de Coronada se remonta hasta época visigoda, pero se confirmen o no estas investigaciones todo Calañas se pone en romería el lunes de Pascua. No se quedan las celebraciones en la Romería de la Virgen de la Coronada, los “pirulitos”, por San Juan y San Pedro, la fiesta de la Auxiliadora, las veladas, en Sotiel, La Zarza o El Perrunal y las Fiestas de Agosto asientan espacio y tiempo de reencuentro para los calañeses.

El Cerro de Andévalo

La leyenda coloca en este cerro el desaparecido templo dedicado a la divinidad lusitano-romana Endovellico.

 

Indispensable es el paseo por la plaza de España, Ayuntamiento, Convento de las Hermanas de la Cruz y el Centro Cultural de la Villa, la antigua Ermita de la Trinidad (XVI). Pero es sin duda la Iglesia de Santa María de Gracia (XVI-XVIII) su edificación más notable, muy afectada por el terremoto de Lisboa de 1755.

De finales del XVI, sobre restos del XII y añadidos del XVII, la Ermita de San Benito, iluminada por Marcos Jiménez en 1660, en la que los cerreños veneran la imagen de San Benito Abad, patrón desde 1667, tallada por José Espuni en 1953, reproducción de la original desaparecida. La vida festiva de la localidad bascula sobre su patrón, las vecinas y los vecinos celebran la Vigilia de San Benito el domingo más próximo al 21 de marzo. Acuden a la Ermita en romería el primer domingo de mayo, siete mujeres ataviadas ellas, con el traje típico de jamuguera.

 

De los hombres, los mas bravos, serán los “lanzadores”, que bailan en ritual homenaje el “poleo”, conjunto de danzas entre las que destacan las folías, lanzas y fandangos.

El Granado

Agua y viento, embalses y parques eólicos aprovechan los recursos naturales sin menoscabar la tradición y la calma de este rincón andevaleño.

 

Es posible que la apertura de esta nueva ruta le permita disfrutar del neoclásico de la Iglesia de Santa Catalina (XVIII) de la candidez en las formas gótico-mudéjares de la Ermita de la Santísima Trinidad (XV) o de la sobriedad de la arquitectura popular en el Molino de Viento (XVIII). El Granado se ha liberado con el nuevo Puente Internacional de un aislamiento secular que no obstante ha servido para mantener la pureza de sus tradiciones. Fiestas, la Santa Cruz, en mayo y las fiestas de Santa Catalina, en noviembre, dan buena cuenta de ello.

 

Pero también El Granado guarda un pasado industrial, el antiguo puerto minero de la Laja (XIX), último puerto navegable del Guadiana y puerta de embarque de las piritas procedentes de las minas del Andévalo occidental, concedidas para su explotación a la Sociedad Minera del Guadiana ,filial de la francesa Societé Anonyme de Saint Gobain. Recomendable es el paseo por el antiguo trazado de ferrocarril, transformado en vía peatonal, que une el Guadiana con las Minas de Herrerías.

Paymogo

Antiguas tradiciones nos relatan la conquista en el siglo XIII de estos parajes por los caballeros templarios.

 

Si de belleza y misterio hablamos, los caballeros del temple bien eligieron la zona, basta un paseo sosegado para comprobarlo por la Ribera del Chanza, en los caminos secretos del contrabando hoy sustituido por el cómodo tránsito atravesando el nuevo puente internacional que hermana las tierras de ambos lados del la frontera. Recientemente restaurado por Antonio López es un placer recrearse en la Iglesia Castillo de Santa María Magdalena (XVII-XIX), templo enmarcado en una fortaleza artillera levantada en el XVI-XVII, época de conflictos con la vecina Portugal.

 

De imagen barroca, en transición al neoclásico, reconocemos la autoría de Santiago de la Llosa, José Francisco Pérez y Agustín Fontela. El calendario festivo de Paymogo comienza en marzo, con la Feria del Gurumelo, placer de paladares exquisitos. En mayo la Santa Cruz y sin dar demasiado descanso, el 22 de Julio, las fiestas de su Patrona, Santa María Magdalena. Pasados los calores del verano, cada cinco de octubre procesiona la venerada imagen de la Virgen del Rosario, entre el tronar de las escopetas que los lugareños disparan como homenaje.

Puebla de Guzmán

Mucho y bueno encontrará en Puebla de Guzmán, pero con permiso de los puebleños, su corazón se encuentra fuera del casco urbano, en el Santuario de Nuestra Señora de la Peña (XV, XIX).

 

Puebla estalla con alborozo por abril. Emoción al compás de los gaiteros y ante la Procesión de Nuestra Señora de la Peña, mujeres ataviadas con su tradicional y coqueto traje de gabachas, junto a los lanzaores, que más que bailar dibujan en el aire la danza de las espadas. En contraste con la sonada romería, aún Puebla nos reserva las Fiestas de la Virgen de la Caridad, en el segundo domingo de agosto. Los vestigios prerromanos, contrastados en el cerro de la Longuera, confirman la existencia de núcleos habitados en el primer milenio antes de Cristo.

 

Eslabón importante en su historia es también el antiguo castillo de Alfayat, sobre cuyas ruinas se levanta el Templo Parroquial de la Santa Cruz, del XVI. No deberá eludirse su visita y la contemplación de la fabulosa talla de la Inmaculada Concepción, de Alonso Cano (XVIII). Notable, en lo que arquitectura civil se refiere, es el Molino de Viento (XIII-XX) que reproduce fielmente el modelo de los antiguos molinos andevaleños de los que habla Julio Caro Baroja, con nombres tan singulares como Jaca Pinguá, Chinguichanga o la Aduana.

San Bartolomé de la Torre

Los restos de una antigua fortificación Almohade del XIII, la Torre, apellidan a San Bartolomé.

 

En la leyenda figura como paso y descanso de las caravanas que desde las minas de Tharsis transportaban el oro que decoró el interior del bíblico templo de Salomón. La torre presenta un origen confuso, no obstante algunos autores lo retrotraen a época fenicia los restos más antiguos, con sucesivas reutilizaciones romanas y almohades. De especial interés es su Templo Parroquial (XVIII), sencilla planta de una sola nave bajo artesonado de madera que muestra una imagen barroca de transición al neoclásico, posiblemente resultado de la reconstrucción posterior al terremoto de 1755 proyectada por Pedro de Silva. A finales de enero las fiestas de San Sebastián, y cada 24 de agosto la festividad del Patrón de la localidad y titular del Templo.

 

Esta tradicional fiesta local brilla, en especial con la “danza de las espadas” en las que los danzantes acompañan a San Bartolomé durante el recorrido procesional. Y por junio, el último fin de semana San Bartolomé se reúne “por que si”, por ganas de compartir, por charla y alegría en la Romería de la Amistad.

San Silvestre de Guzmán

Los primeros restos de doblamiento se remontan a cinco mil años según los estudios del yacimiento del Castelo si bien consta como villa desde 1595.

 

Labrada a costas del Marqués de Ayamonte, sin duda el edificio más notable es la Iglesia de San Silvestre (XV-XVI-XVIII), gótico con añadidos barrocos, de una sola nave con artesonado al gusto mudéjar. Como en otros lugares del Andévalo, también San Silvestre luce formidables ejemplos de arquitectura preindustrial en sus molinos de viento, indispensables para el beneficio del trigo de la zona. No debe faltar el paseo, los restos de la calzada romana, paralelos al Guadiana, Descubrirán sin duda a los amigos del senderismo paisajes poco o nada habituales en Andalucía. Camino de legionarios imperiales en dirección a Emerita Augusta, Mérida.

 

Miles de pasos andados disfrutando de un Guadiana que ya busca el mar. Tardíos para su fiesta o muy tempraneros, según se mire, cada 31 de diciembre los sansilvestreros celebran las fiestas de su patrón. Se completa el ciclo festivo con la Romería de la Virgen del Rosario, por mayo, en el paraje del Alto de la Grulla y la antigua Feria Ganadera, a finales de Julio-

Sanlúcar de Guadiana

Los Guzmanes, Duques de Medina Sidonia, bautizaron esta ciudad con el nombre de su Capital Ducal a orillas del Guadalquivir, Sanlúcar de Barrameda.

 

En origen el pueblo se desarrolla en los alrededores del Castillo, desde donde en épocas de paz se derrama hacia el oeste encontrando su lugar natural a las orillas del Guadiana y buscando ahora, el abrazo de la Iglesia de Nuestra Señora de las Flores (XVI), bendecida por la imagen de la Virgen de la Rábida, formidable talla barroca del XVII. El carácter de frontera natural del Guadiana y la necesidad de vigilar y defender los territorios al este del río, explican la existencia del Castillo de San Marcos (XIII). Como es preceptivo en todo el Andévalo, apenas los primeros brotes de la primavera y el pueblo se viste de Fiesta en honor a su patrona, Nuestra Señora de la Rábida.

 

Los arcos de la danza de las flores señalan el paso por la suave ladera que baja hasta el Guadiana. Por mayo, Sanlúcar y el Granado se dan la mano en el paraje de la Dehesa, en la singular romería de la Santa Cruz Sanlúcar de Guadiana es hoy abrigo para deportistas náuticos que buscan la calma de sus márgenes mirando a Portugal, desde donde vitorean a los participantes en las pruebas de ascenso del Guadiana a piragua o en el ascenso y descenso a vela.

Santa Bárbara de Casa

Un paraje sencillo que aparece entre la dehesa y se va aclarando hasta teñir el verde del monte por el blanco de la cal.

Los restos cerámicos y líticos encontrados en el conjunto megalítico del Cabezo de los Vientos y Necrópolis de la Zarcita permiten fechar el poblamiento entre fines del neolítico y la Edad del Cobre (2700 ac). Bajo la atenta vigilancia de los restos de la fortificación del “Cabezo de los Vientos” Santa Bárbara fecha su carta puebla en 1504. Templo, el parroquial Ntra. Sra. de la Piedad, del XVIII y Ermita, la de su patrona Santa Bárbara serán parada obligada, pero a mi interés resalta el monte, caza, explotación silvícola, cerdo ibérico y ovejas que regalan nuestro paladar con quesos únicos por calidad y cuerpo, y el pan, lujo sencillo que llega a ser arte en este pueblo.

 

El latir de un pueblo pequeño se mide por la alegría de sus fiestas y de estas abundan. San Sebastián en su fiesta del 20 de enero, que sabe a poco y lo confirman en la romería posterior a la Pascua de Resurrección celebrada en el paraje del Chaparral. Entre ambas los Carnavales con sus pasacalles. Empieza agosto con la feria, pero sin duda el día grande es el 4 de diciembre, Santa Bárbara, patrona que comparte con todos los mineros.

Valverde del Camino

En un cruce de caminos que se remonta a la época de las calzadas romanas aparece en el siglo XIV la venta Facanías, origen de la localidad. Si bien el Conjunto Dolménico de los Gabrieles retrasa la fecha de habitación de estos parajes.

Notables edificio es la Iglesia de Nuestra Señora del Reposo (XVIXVIII), renacentista con aportaciones barrocas. Ermitas la de Santa Ana (XVI) y la Trinidad (XVIII) vuelven a recordarnos la importancia de este cruce de caminos, que si bien había alcanzado por sí misma el carácter industrioso que aún mantiene, relativos al mueble y la zapatería no quedó al margen de las grandes explotaciones mineras del XIX. De esta época permanece restaurada la Casa de Dirección (The United Alkali Company Limited), edificio victoriano de 1912, restaurado en 1998 que hoy alberga el Museo Etnográfico y de las Artesanías.

 

Más próximo en el tiempo pero no menos notable es la Ermita del Santo, edificio neobarroco sevillano labrado sobre el solar que ocupaba la antigua Ermita de San Sebastián (XVIII). Afamados son sus carnavales, que supieron mantener en tiempos de la dictadura, celebrándolos en el campo. Para finales de Junio, la Velada de Santa Ana y en agosto, la Feria. Pero si hay que elegir fecha, les propongo el fin de semana más próximo al 12 de septiembre, festividad de La Virgen del Reposo, patrona que protegió al pueblo de los pavorosos efectos del terremoto de Lisboa

Villablanca

El Dolmen de la Tenencia fecha los orígenes de las primeras poblaciones del lugar en el período calcolítico, si bien la Carta Puebla es de 1531.

Según consta en los archivos municipales el primer dato relativo a la construcción de la Iglesia del Mártir San Sebastián se remonta a 1612, bendecido en febrero de 1618. Un mudéjar sencillo y bello del XV, remodelado en el XVII reviste a la Ermita de Nuestra Señora de la Blanca. Bendice la ermita la talla anónima sevillana del XVI. Con el Domingo de Resurrección Villablanca hace su cuerpo a la alegría, aquí las íntimas y peculiares “Fiestas de Bollopico”. Por julio las Fiestas del Mercado; pero es en agosto cuando la localidad se reviste de extraños colores y vestidos llegados de lugares remotos con el Festival Internacional de Danza, en el que comparecen grupos de bailes típicos de todas las latitudes.

 

Según la tradición desde que un pastor de Lepe, en el s. XV, viese una paloma blanca sobre un olivo en el que posteriormente apareció el Sagrado Simulacro de Nuestra Señora de la Blanca, en su recuerdo los lugareños festejan a su Patrona con la danza de los palos entre los sones de la gaita y el tamboril, en los últimos días de agosto.

Villanueva de los Castillejos

Celtas son los restos más antiguos, si bien los materiales encontrados en la colina del “Pié del Castillo” dan testimonio del paso de las tropas imperiales. Ya en los itinerarios de romanos fue sitio de descanso y aprovisionamiento de las legiones romanas camino de Mérida.

Diego Antonio Díaz y Fernando Rosales labran la Iglesia de la Purísima Concepción (XVIII, XIX y XX) que pese a sucesivas remodelaciones guarda un profundo sabor barroco y de transición al neoclásico. Planta de cruz latina de una sola nave venera la talla en madera policromada de la Purísima Concepción, obra de León Ortega (1950) junto al Crucificado del siglo XVI y dos tallas barrocas de San Juan Bautista y San Francisco de Asís.

 

Empeñado en la laboriosa transformación de productos agrícolas, Villanueva de los Castillejos para en su actividad el Domingo de Pascua, momento en el que junto a los vecinos de El Almendro se traslada en romería al prado de Osma, para venerar a Nuestra Señora de Piedras Albas. San Matías en Febrero y la Velada de Julio completan su calendario festivo.

Villanueva de las Cruces

Los inicios de Villanueva de las Cruces se encuentran en un primer asentamiento de origen romano situado en la “Cumbre del Charnecal” que dista unos 1.200 metros del actual núcleo poblacional, que se originó por la construcción de una venta o posada en el cruce de caminos que se daba en este punto

Citada la localidad en el “Libro de montería” de Alfonso XI como “Villa Nueua”, la antigua “Villa Nova” romana alberga este templo parroquial basilical de una sola nave, la Iglesia de Santa María de la Cruz de estilo neoclásico. De principios del XVIII es la Ermita de San Sebastián, magnífico mirador de la comarca. “Las Fiestas Patronales en Honor a San Sebastián”, que se celebran el fin de semana mas próximo al día 20 de enero, destacando como actos mas significativos: la coronación de la Reina y Damas junto con el Pregón.

 

Cabe destacar una gran hoguera llamada “La Candela” hecha de leña de encinas, en la plaza La Candela, y que permanece encendida más de 15 días. El segundo fin de semana de agosto envuelven a San Sebastián “los Danzaores” que bailan en su honor al son de gaita y tamboril la danza de los “Garrotes” de origen pastoril. La patrona no iba a ser menos, en la ribera del Oraque, Santa María de la Cruz es celebrada en romería el primer fin de semana de mayo con el traslado desde la Iglesia al paraje de los Recueros, celebrada ida y vuelta acompañando al simpecado. La ingeniería civil ha necesitado salvar la difícil orografía de la zona, de los muchos ejemplos es de resaltar el Viaducto del ferrocarril minero, magnifica obra de 1866 que permitió conectar las minas andevaleñas con el embarcadero del río Odiel, en Huelva capital.

Datos de Interés   

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Oficina de Información Turística Huelva 

959 650 200

 

Patronato Provincial de Turismo de Huelva

959 257 467