Lugares Colombinos

Entorno Natural

La Rábida se encuentra ubicada entre parajes naturales de gran valor ecológico que, en su mayoría, se han conservado inalterados desde que Colón y su gente partieron desde aquí a un nuevo mundo. Las Marismas del Odiel, el Estero de Domingo Rubio o Las Lagunas de Palos y Las Madres, todos ellos espacios catalogados y protegidos, constituyen, cada una por si sólo, una excusa para plantear una visita, sin olvidar que toda la zona está bajo la influencia de una joya natural patrimonio de La humanidad, Doñana.

Más allá del colosal Monumento a la Fe Descubridora, de 37 metros de altura, obra de la escultora Whitney en 1929,y situado en el paraje conocido como Punta del Sebo, se extienden Las Marismas del Odiel. Se trata de 7.000 hectáreas de esteros, caños, lagunas y playas que lo constituyen como uno de los humedales de mayor importancia de Europa. En el centro de visitantes Anastasio Senra (La Calatilla”), situado en la Isla de Bacuta, se podrá obtener toda la información del paraje y concertar excursiones guiadas por barco o todo terreno por el interior del área protegida.

De todas formas, la carretera de acceso al Espigón Juan Carlos l, que recorre todo el paraje de Oeste a Este, nos permitirá apreciar La belleza serena y sus más distinguidos habitantes como la espátula, los Flamencos, el águila pescadora y una infinidad de aves limicolas y marinas.

 

A los pies mismos del alcor donde se encuentran el monasterio de La Rábida y Los Lugares Colombinos discurre el Estero de Domingo Rubio, que forma parte de la red de canales y caños de La marisma mareal del río Tinto, de elevado valor ecológico. La mitad inferior de su tramo representa un típico ecosistema marismeño, con influencia de Las mareas y hábitat de especies de agua salada. El tramo superior corresponde a un humedal de agua dulce, flanqueado de carrizos, juncos, castañuelas y eneas, y en su cabecera se localiza una dehesa de pinos y alcornoques con restos bien conservados de matorral mediterráneo, siendo zona habitual de campeo del lince ibérico.

A lo largo de todo el estero se encuentran observatorios de aves, y entre las carreteras que unen Palos de la Frontera y Moguer con Mazagón, y que cruzan el paraje, discurre un sendero señalizado que se recorre en apenas 35 minutos y permite captar la belleza y la tranquilidad de este paraje.

 

En el trayecto entre La Rábida y Mazagón, en la margen izquierda, encontramos un rosario de lagunas que poseen un alto valor ecológico, especialmente porsu fauna, que encuentra en ellas un lugar de refugio y descanso en su constante ir y venir entre Marismas del Odiel y Doñana.

 

Abundan en sus aguas numerosos patos, garzas y la esquiva y huidiza nutria. La Primera de Palos, La Jara, Las Madres o La Mujer son algunas de las que conforman este Fragil ecosistema que convive en equilibrio con campos de cultivo intensivo de fresas y Fresones, el “oro rojo” de la zona

Palos de la Frontera

La ciudad que prestó sus hombres, su dinero y sus barcos a la aventura americana proclama, desde entonces, orgullosa su vocación colombina. Un mes de mayo de 1492, habiendo sido reunidos los vecinos de la villa, se daba lectura a la Orden Real que solicitaba armar naves y reclutar marinos para acompañar a Cristóbal Colón en su búsqueda de una ruta comercial hacia las indias occidentales”. La iglesia de San Jorge Mártir, de estilo gótico-mudé jar, en cuyas puertas se produjo el hecho, conserva el mismo aspecto que verían los sorprendidos palermos aquel día y los sucesivos en que tanto se rezó a su santo patrón para

en decir la travesía.

Posee el edificio aire austero y sencillo, en el que destaca la llamada Puerta de los Novios”, rematada por un arco ojival de Ladrillo de clara estética mudé jar. En su interior destaca una figura de Santa Ana en alabastro, del siglo XIII, y un retablo de cerámica del siglo XVI, de clara influencia toscana. Unos frescos renacentistas muestran escenas de San Jorge, la Coronación de la Virgen o el apóstol Santiago.

Bajando desde La iglesia en dirección a Moguer, aparece La antigua fuente pública conocida como La Fontanilla. Un templete de Ladrillo del siglo XIII donde Las naves hicieron aguada para la travesía. Cerca de aquí se encuentra la Casa de La Misericordia, conocida en la época como Hospital de La Sangre, donde se atendía piadosamente y se daba cobijo a los lugareños y marineros enfermos

 

La Casa de los Pinzón, de estilo renacentista, acoge una exposición permanente y un centro de estudios sobre la relación de Palos de La Frontera con el Descubrimiento. Esta familia de marinos palermos apoyó de manera decisiva a Colón, incluso comprometiendo barcos e importantes dineros, y enrolándose durante la travesía. La ciudad recuerda a su más insigne vecino, Martín Alonso Pinzón, con una escultura situada en la plaza del Ayuntamiento.

 

Por La parte de la ciudad que mira al río Tinto se llega al Muelle de La Calzadilla, construido con motivo del IV Centenario del Descubrimiento y recientemente restaurado. Desde aquí partió en 1926 el hidroavión Plus Ultra, que realizó por primera vez en la historia un vuelo, comandado por Ramón Franco, entre Europa y América

Moguer

Moguer, próspera villa marinera a finales del siglo XV, participó activamente en el Descubrimiento. En sus astilleros se botó la Niña, y muchos de los embarcados con Colón fueron moguereños. Hoy en día es una ciudad emprendedora de aire barroco, con casas señoriales de muros encalados, frescos patios solariegos y ventanales de rejas forjadas.

De su pasado se conservan numerosos y bellos vestigios. El Convento de Santa Clara, vivo ejemplo de ello, fue fundado en La primera mitad del siglo XIV, y es Monumento Nacional desde 1931. Su iglesia y el resto de edificios que conforman el conjunto conventual encierran innumerables tesoros. Destacan su rico artesonado mudé jar, La sillería nazarí del siglo XIV, única en su estilo, el enorme claustro de las Madres, el retablo mayor y el retablo de la Circuncisión, obra de Martínez Montañés, o el conjunto labrado en alabastro que acoge el sepulcro de los Portocarrero, señores de la ciudad.

 

Pasear por Moguer es sentirse acompañado por el alma y por los versos de su más ilustre embajador, el Nobel de literatura Juan Ramón Jiménez. Fragmentos sobre azulejos de su Platero y yo” se reparten por diversos rincones, reflejando la tierna y particular visión que el poeta tenía de su pueblo.

De La hermosa iglesia Nuestra Señora de la Granada, que recibió la visita del Papa Juan Pablo II en La conmemoración del V Centenario del Descubrimiento, el poeta dejó escrito “La torre de Moguer de cerca, parece una Giralda vista de lejos”. Sus huellas, y las de Zenobia, pueden seguirse en su Casa Natal, la Casa-Museo o la finca de Fuentepiña, donde se dice que está enterrado Platero.

 

El Ayuntamiento se erigió después de La devastación sufrida tras el terremoto de Lisboa en la segunda mitad del siglo XVIII En su fachada destacan elementos de transición barrocos y neoclásicos, y en su interior, el patio central con arcadas.

 

El convento de San Francisco, que vio partir a muchos de sus frailes para La evangelización americana, mantiene una bella espadaña o un enorme retablo mayor de más de quince metros. El antiguo Castillo almohade, hoy Oficina de Turismo, conserva varias torres y lienzos de muralla, además de un aljibe árabe. La Capilla del Hospital del Corpus Christi, junto al moderno teatro, fue hospital para pobres y cobija la imagen del Cristo de la Sangre. Antes de concluir La visita a Moguer, merece la pena sentarse en alguna de sus plazas o veladores y darse el dulce placer de probar sus afamados pasteles artesanales. De sabor agridulce, el vino de naranja moguereño entronca con la tradición vitivinícola de La zona, que se reconoce bajo la Denominación de Origen Condado de Huelva. Al salir de Moguer, entre pinares y campos de fresas, una singular ermita de más de 500 años custodia a la patrona de la ciudad, La Virgen de Montemayor.

Mazagón

Palos de La Frontera y Moguer se asoman al atlántico a través de Mazagón, localidad costera en equilibrio con el verde paisaje de pinos y las doradas dunas entre las que se ubica.

Mazagón se reparte por cinco kilómetros y medio de playas de finísima arena y aguas tranquilas, en Las que el sol acompaña al visitante durante la totalidad del año. Más allá, hacia Levante, la línea Litoral sigue ininterrumpidamente hacia Matalascañas y Doñana, con un hermosísimo paisaje caracterizado por bosques de pinos que llegan hasta el borde mismo de La playa, la alternancia de acantilados arcillosos y dunas, y numerosos veneros de agua dulce

que llegan hasta La misma orilla.

 

Buen ejemplo de este paisaje lo constituye la Cuesta de Maneli, una enorme duna de arenas basales que,a lo Largo de una pasarela de más de un kilómetro, situará al visitante a 112 metros de altura, el lugar más elevado de la comarca.

 

Desde ese punto de observación privilegiado se tiene una excelente vista del horizonte marino, y de la franja costera conocida como Médano del Asperillo, catalogado como Monumento Natural.

Los atardeceres desde aquí son una experiencia difícil de olvidar, y una razón de peso para entender porque a esta tierra se la conoce como la Costa de la Luz. Cerca de aquí, y asomándose también al océano, el Parador de Mazagón brinda una excelente oportunidad de alojarse a pie de playa. A su lado, y entre pinos, se sitúa un área recreativa, equipada con merenderos y barbacoas para disfrutar un delicioso día de campo y playa. En ella, tendremos la oportunidad de observar el Pino Centenario, una joya botánica protegida por la Junta de Andalucia. Los alrededores permiten prácticas diversos deportes náuticos y el cicloturismo a través de rutas señalizadas.

 

Mazagón cuenta con un moderno puerto deportivo con capacidad para más de 500 atraques, que en verano se convierte en animado lugar de reunión y tapeo gracias a numerosos bares y terrazas. En los restaurantes repartidos por todo el casco urbano se ofrecen los pescados y mariscos de la costa, capturados cada día por los barcos de la flota de bajura de Huelva, Punta Umbria y Palos. Coquinas o chirlas abiertas al vapor, chocos, acedías, lenguados, langostinos, y La afamada gamba de Huelva, constituyen un placer inexcusable.

La Rábida

Allí donde día tras día, y desde el principio de los tiempos, funden sus aguas el río Tinto y el Odiel antes de pagar su tributo en el vasto océano Atlántico, la mañana del 3 de agosto de 1492, tres naves partían hacia una tierra y un futuro inciertos.

 

La experiencia marinera de un puñado de hombres, las bendiciones de los monjes del Monasterio de La Rábida y la encomienda realizada por los Reyes Católicos llevaron al almirante Cristóbal Colón a culminar la gran gesta de la llegada a otro continente. Este privilegiado rincón del Sur de España, punto de encuentro de tartessos, fenicios, romanos y árabes, tiene, desde entonces, vocación y tradición colombina.

 

El monasterio franciscano de La Rábida es testigo mudo de la gesta colombina. Sus monjes dieron cobijo y apoyo al almirante Colón y fueron contagiados por su sueño aventurero, hasta el punto de interceder por él en la corte de la Reina Isabella Católica. Su porte humilde, que contrasta con su trascendencia histórica, guarda en su interior La memoria viva de la tradición americanista de esta tierra.

La tierra sobre la que se erige desde hace más de 500 años el monasterio cristiano ha conocido un de de sacrificios fenicio o un templo romano consagrado a su deidad femenina Proserpina e incluso una mezquita fortificada musulmana o rápita, de donde toma el nombre el paraje que conocemos actualmente.

 

Monumento nacional desde 1856, el edificio que observamos actualmente ha sufrido importantes rehabilitaciones en siglos pasados y especialmente a raíz del terremoto de Lisboa de 1755. La iglesia, de estilo mudé jar, conserva un valioso artesonado y varios frescos originales de la época, y en su interior alberga una pequeña capilla consagrada a La Virgen de Los Milagros, una talla de alabastro ante la que se postraron los marineros de Palos de la Frontera antes de su travesía oceánica. Al claustro original, de influencia mudé jar, se le añadió un segundo piso a mediados del siglo XVII para resguardar al monasterio y sus moradores de Las incursiones piratas.

 

Al pasear por la sala capitular, el refectorio o la biblioteca, que conserva entre sus importantes legajos históricos un mapamundi de Juan de la Cosa, resulta inevitable evocar escenas en las que un desconocido y visionario Cristóbal Colón debatiría sus teorías y proyectos de navegación con los monjes. Un puñado de tierra y la bandera de cada uno de los países americanos se custodian celosamente entre sus encalados muros y en un pequeño y coqueto patio repleto de macetas podremos observar murales de temas colombinos, obra del pintor onubense Daniel Vázquez Diaz.

El paraje de La Rábida alberga desde 1892 un Monumento a los Descubridores en forma de monolito, además de la Universidad Internacional de Andalucía Sede Iberoamericana de La Rábida que permite, año tras año, y a través de ambiciosos programas formativos, estrechar lazos científicos con estudiantes e investigadores del otro Lado del Atlántico.

 

El Foro Iberoamericano es un auditorio con capacidad para 4.000 personas, que alberga, además, salas para exposiciones, conferencias y proyecciones, lo que lo convierte en uno de Los principales Centros de Congresos de toda Andalucía. Perfectamente integrado en el entorno, este edificio, finalizado en 1991, es heredero de los teatros griegos y romanos, aunque su diseño responda a un estilo actual y ecléctico.

 

La construcción consta de una gran plaza exterior que franquea el acceso al edificio, un auditorio al aire libre con graderíos y una zona de congresos y exposiciones cubierta, situada bajo Las gradas. Su programación de verano, que toma el testigo del Festival de Música Iberoamericana de La Rábida, recoge una interesante muestra de diversos estilos musicales, representados por sus más afamados intérpretes.

En La Ladera de poniente se encuentra el Parque Botánico José Celestino Mutis, que invita a pasear para conocer lo más característico de la flora autóctona y americana. El conjunto destaca   por la exuberancia y el contraste de colores y formas de las variadas plantas que alberga y por el Frescor que proporcionan sus lagos y riachuelos. En su interior, un invernadero reproduce el ambiente de la selva tropical, con plantas exóticas y una temperatura y humedad constantes.

 

Frente al Parque Botánico y a orillas del estuario del Tinto, se encuentran atracadas las réplicas de las tres naves descubridoras: Las carabelas Pinta y Niña, y La nao Santa María. Las embarcaciones se sitúan en una dársena semicircular conocida como Muelle de las Carabelas, ambientado en la época colombina. En el mismo edificio se sitúa una exposición permanente dedicada al siglo XV, donde se muestra la correspondencia de Colón a los Reyes Católicos, cartas de navegación y, más específicamente, aquellos instrumentos técnicos que permitieron La travesía oceánica.

 

Finalmente, un audiovisual traslada al espectador a 1492 y lo enrola virtualmente en el viaje de Colón, haciéndole sentir Las ilusiones e incertidumbres pasados por estos intrépidos hombres en La mar. En sus inmediaciones se encuentra el Muelle de la Reina, en honor de la Reina Regente María Cristina, que lo inauguró en el IV Centenario del Descubrimiento, y el monumento en honor de La travesía realizada en 1926 por el hidroavión español Plus Ultra, que marcó un hito en la historia de La navegación aérea al realizar la ruta desde Palos a Buenos Aires.

Datos de Interés

(Toca el teléfono para llamar)

 

Oficina de información Turística de Huelva

959 650 200

 

• Centro de interpretación Huelva, Puerta del Atlántico'

959 541 817

 

• Oficina Municipal de Turismo de Moguer

959 371 898

 

• Oficina de Turismo de Mazagón

663 879 634

 

 Muelle de las Carabelas

959 530 597

 

• Monasterio Santa María de La Rábida

 959 350 411